La comuna 5 está ubicada en Medellín en la zona noroccidental, y dicen que no podés pasar por ahí sin tocar la 68. “Hace varios años, antes de la época de Pablo Escobar, esto todo era una sola cosa; no habían barreras invisibles, ni esas divisiones, esto era Castilla y ya.” Dice Caliche, nuestro guía en la caminata punk, y baterista de Desadaptadoz.
Durante los primeros minutos hace una introducción ligera pero contundente de lo que fueron las dinámicas juveniles alrededor del rock en los 80’, y cómo el punk marcó un antes y un después para muchos. Nos cuenta de “las notas” y cómo caían 60, 70 o 100 pelados en una casa para escuchar música y tomar alguito; no muy diferente a lo que sucede hoy con otros jóvenes, con otra música, y con otros tragos. Menciona a “la people”, “la power”, “los buitres” y nos señala los lugares donde se parchaban antes esas galladas (grupos de pelados con un género musical y características en común), mientras nos describe cómo solían ser esos lugares: basureros, casas abandonadas, muros al azar.
Seguimos caminando por un rato y pasamos por la casa de “el negro” quien les rotaba discos, la de Oscar, su amigo eterno, y nos cuenta cómo se comunicaban de plancha a plancha porque todos se tenían ahí cerquita. Tomamos asiento frente lo que alguna vez fue “El sótano”, un bar que hicieron ellos a lo ilegal, y que no duró mucho por las disputas intrabarriales. Unos pasos más adelante vemos un carro digno de fotografiarse, y guardamos la imagen en cámara y celulares, mientras esquivábamos carros que pasaban por el lugar.
“Se celebraba el sonido sucio” nos cuenta respecto a las grabaciones y habla de cómo tener errores era significativo en ese entonces; lo hacía todo más puro. Nos paramos en el barrio Lenin, y tropezamos con una anécdota sobre el consumo de sacol en el punk; el resúmen es que sólo estaban copiando a otros punkeros que hablaron de eso en una canción, y salieron consumiendo en alguna revista. Habla de cómo Rigo, baterista de Pestes, se vuela un par de dedos, y en un gesto de solidaridad varias bandas hacen la “Batalla de Bandas” para recaudar fondos y ayudarlo; eso fue en el 85, y pienso que ese ir y venir entre décadas le da un aire dinámico a los relatos.
“Fuerte, corporal, original, sucio” son las palabras que utiliza para referirse al punk de medallo. Explica cómo su vestimenta era un sustento para su discurso; una socio-estética. Jóvenes críticos frente a su realidad y rebeldes ante la misma, intentando crear una identidad a partir de la música. Frente a los toque de queda, toques de salida con conciertos. Ante las fronteras invisibles, caminatas por todo el barrio. Frente al silencio, un par de poemas sacados del “Manifiesto Punk”.
Por: Juanita Ceballos