EL ARTE RESISTE

El 2025 inició movido para el arte urbano de Medellín. El alcalde Fico, en su afán de imponer su visión retrógrada de ciudad, quiso silenciar el grito de una juventud a la que están matando por resistir a una cultura de lo gris, del odio y de la estigmatización.

Fue así como la institucionalidad inició su ataque contra las paredes llenas de color y expresión. El 2 de enero, funcionarios del distrito taparon el emblemático mural “NOS ESTÁN MATANDO”, realizado en 2020 en el sector de Toscana, en el marco de la escalada de homicidios contra líderes, jóvenes, campesinos, mujeres e indígenas en el país.

Esa misma juventud se manifestó horas después y volvió a pintar sobre las paredes grises un grito más por la DIGNIDAD. Sin embargo, poco duró esta pintura. Días después, en este sector de Castilla, nuevamente les incomodó la existencia de un muro con la frase “NOS ESTÁN MATANDO!!!”, por lo simbólica que es esta afirmación en un país donde pensar y expresarse les cuesta la vida a las personas.

En la madrugada del 9 de enero, el enemigo de la juventud y el arte en Medellín, el reconocido mamarracho concejal del Centro Democrático Andrés Gury, decidió tirarle pintura a una expresión de una generación que ha sido silenciada, oprimida y exterminada por quienes creen tener el poder de decidir el futuro de un pueblo bravo que no les copia de fascismo.


En consecuencia, esta acción motivó la pintada de otro mural, esta vez en el viaducto de la Terminal del Norte con la frase: “LAS CUCHAS TIENEN RAZÓN”, esta jornada se dio el domingo 12 de enero dando como resultado una denuncia por los resientes hallazgos en la Escombrera de la Comuna 13, en el marco de la exploración forense de la JEP en busca del esclarecimiento de las personas desaparecidas por paramilitares en la operación orión.


Al otro día, nuevamente funcionarios del distrito madrugaron a declarar una guerra por el uso del espacio público y la libertad de expresión. Silenciaron el dolor y la memoria de muchas madres que siguen en la búsqueda de sus familiares dados por desaparecidos. En ese sentido, la elite paisa que tanto le incomoda la verdad y ver al pueblo movilizarse, realiza un acto desagradable contra la memoria y las víctimas.


La pintada del mural "Las Cuchas Tienen Razón" es un hecho que trasciende lo estético y se convierte en un acto profundamente político. No es solo pintura sobre un muro; es la reafirmación de una voz colectiva que ha sido históricamente silenciada.

Que este mural haya sido pintado en el espacio público, posiblemente en un contexto de disputa por la memoria y el relato de la ciudad, nos obliga a preguntarnos: ¿qué significa que se intervenga un muro con esta consigna? ¿A quién incomoda? ¿Por qué es necesario reafirmar que las cuchas tienen razón?

En una ciudad donde el relato oficial muchas veces busca enterrar las luchas populares bajo el discurso de la transformación urbana y la innovación, la acción de pintar este mensaje es un acto de resistencia y dignidad, una declaración política que confronta el olvido y la indiferencia.

Más allá de la materialidad del mural, lo que se pone en juego es el derecho a la memoria, a la verdad y a la protesta. La pregunta que queda es: ¿qué tan dispuesta está la sociedad a escuchar la verdad de quienes han sufrido, resistido y luchado por la justicia en Medellín?

En respuesta, el martes 14 de enero, colectivos artísticos y culturales realizaron nuevamente convocatoria para tomarse el deprimido de la Terminal.

Inicialmente, es importante nombrar que el poder no solo se sostiene en los discursos oficiales, también se expresa en los gestos cotidianos de quienes desprecian la resistencia popular. Los insultos lanzados desde la comodidad de la indiferencia de quienes pasaban a la altura de la autopista en el barrio caribe fueron prueba de que las heridas de la historia siguen abiertas y que hay quienes prefieren no verlas.

Sin embargo, en la vibración de los tambores y las gaitas, en la fuerza de las manos que repintaron el mural, quedó claro que la memoria no se borra con brochas de censura. La toma cultural no solo devolvió al muro su mensaje, sino que reafirmó la voz de las cuchas, de las madres que han resistido, de los barrios que han luchado y de los pueblos que no se rinden.


La memoria se grita, se toca, se canta y se pinta. Y aunque intenten borrarla mil veces, mil veces la volveremos a escribir. Porque LAS CUCHAS TIENEN RAZÓN y siempre la tendrán

AHÍ TIENEN SU MURO PINTADO OTRA VEZ
¡PORQUE EL ARTE Y LA MEMORIA NO SE CALLA!